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30 de julio de 2010

Huele a Apocalipsis

Desde los últimos tiempos de Carlos Andrés Pérez, a 'Por estas calles', corre un aire cálido y frío que espeluzna y estremece. Un mar en calma que presagia borrascas.

No importa cuánto tarde, nos aproximamos al desenlace. Entre quienes conducen esta locomotora desbocada que se abalanza hacia el abismo y el pueblo expectante no hay nada. Un túnel negro aparentemente sin salida.

Como sucedía a fines de octubre, comienzos de noviembre de 1957. Nadie sabe todavía cómo y por dónde saltará la liebre. Pero los olfatos más avisados huelen la chamusquina de las catástrofes. A Chávez como que le está llegando su hora. Sin considerar el acorralamiento internacional, que es de órdago. La última encuesta de Datos es como para infartar al presidente, desesperar al gabinete y aconsejarle a la súbitamente enriquecida familia presidencial vender sus fincas, sacar los reales y reservar plazas en el Hotel Nacional de La Habana. Incluida servidumbre, como en tiempos de las monarquías en desgracia.

Se ha volteado la tortilla y la popularidad presidencial cae a los abismos que condujeron a la rebelión popular del 11 de abril. Con una diferencia que nada ni nadie podrá recomponer: se agotaron los ases bajo la manga, no hay más plata para misiones, Fidel Castro pasó a mejor vida y las del CNE se comieron las maquinitas. Incluso los cientos de miles de colombianos cedulados a la carrera por el G-2 ya no correrán a votar por los indigestos del PSUV: desde Villavicencio odian a Chávez y al chavismo.

Por primera vez tras nueve años de Poder absoluto, se estremecen las talanqueras. Oficiales medios cuidan sus espaldas ante los convenios internacionales en resguardo de los derechos humanos y le temen a un juicio a lo Milosevic como un gato al agua helada. Miran hacia la Argentina de Videla y el Chile de Pinochet y atisban un horizonte nada halagador. Los altos mandos, por su parte, se espían con desconfianza y andan de espaldas a los muros. Los jueces comienzan a sacar sus calculadoras y ya les sonríen a los desorientados administradores de la oposición. Hasta un fiscal se ha atrevido a denunciar a ese personaje de la triste figura, dizque poeta, que Marianella Salazar bautizara con el perfecto remoquete de 'mangasmiás'. La asamblea agoniza. Una señora gritona, estentórea y fruncida hace que la preside. Pero ya le faltan el respeto hasta los ujieres. Desapareció Gay-Barreto, a pesar de que en una noche se le mueren seis niños de indiferencia sanitaria. Carreño se esfumó. Diosdado espera en el silencio de los culpables por un juicio final que ya asoma sus perfiles. Rodríguez Chacín perdió todo su poder: le reventaron de un bombazo a su interlocutor y hasta el brazo le cercenaron al cadáver de otro de sus íntimos amigos. O corren o se encaraman. Suena a paradoja, pero ante la brusca e inevitable caída en las honduras del desprecio, lo mejor que podría hacer Chávez es prepararse un colchón electoral. Permitir el drenaje de los odios que crecen exponencialmente noche y día contra su abotargada figura mediante el expediente electoral. Más vale perder algunas gobernaciones y un par de cientos de alcaldías que la cabeza. Debiera recordar el consejo del segundo de a bordo de Pérez Jiménez, Luis Felipe Llovera Páez, la madrugada del 23 de enero de 1958: 'mejor nos largamos, mi General, que pescuezo no retoña'. Tras las confesiones del fiscal del ministerio público Hernando José Contreras, desenmascarando las siniestras ejecutorias del Fiscal General de la República Isaías Rodríguez --en el colmo de la impudicia y el descaro, nombrado por la sala plena del TSJ suplente de su presidenta Luisa Estela Morales--, un rasgón en el telón que oculta los sucios y tenebrosos entramados de la justicia del régimen ha permitido captar en su siniestra magnitud la justicia del horror del fascismo criollo. Una 'justicia' infinitamente más cochambrosa, sucia y pringada que la del Tercer Reich, pero tan sórdida, gansteril y mafiosa como la de los togados de la esvástica durante los 13 años del reinado de Adolfo Hitler. ¿Qué define en su esencia a la justicia del horror? La subordinación del cuerpo de magistrados a los intereses políticos de quien detenta el Poder ejecutivo, la conversión de la justicia en instrumento de persecución, represión y castigo de las disidencias, la perversión de todos los altos principios éticos y morales que deben regir la ecuanimidad, independencia y equidad en el uso del poder de la jurisprudencia y la pérdida de toda autonomía de la justicia en cuanto Poder autónomo del Estado.

Todos esos requisitos han sido cumplidos, y con creces, bajo el régimen chavista. La justicia se ha convertido en una caricatura tercermundista. Ni siquiera Zimbabwe , que ya se sacude a su Chávez africano de Robert Mugabe. La impunidad de quienes detentan el Poder, y en particular de Hugo Chávez y la pandilla de facinerosos con que gobierna a discreción, no conocen ni límites ni precedentes.

Nunca presidente alguno pudo en Venezuela perseguir, encarcelar y quebrantar las sagradas normas de un sano ejercicio jurídico bajo el cínico manto de la democracia, como lo ha hecho el teniente coronel. Miles y miles de familias se han visto privadas de sus más elementales derechos, han sido violadas, saqueadas y escarnecidas por la voluntad de un hombre, como sucediera con los hechos del 11 de abril y el paro nacional que terminara con los derechos pisoteados de 20 mil trabajadores de PDVSA y sus familias.

Policías inocentes permanecen en prisión, mientras los homicidas de Puente Llaguno, sicarios del presidente de la república, no sólo disfrutan de plena libertad, sino que han sido condecorados y premiados por los asesinatos cometidos. Los responsables por las graves quemaduras sufridas en condiciones infrahumanas por un puñado de soldados, alguno de los cuales perdió su vida, disfrutan de absoluta impunidad, mientras un General, por el sólo hecho de describir el funcionamiento de un lanzallamas, debió pasar años en la cárcel y aún no recibe la justa absolución de su condena. De los más de cien mil homicidios cometidos bajo el régimen de impunidad y anomia del actual régimen, la inmensa mayoría permanecen sin esclarecimiento. Los asesinos siguen matando, violando, robando, secuestrando en el mayor libertinaje que se haya visto en la historia de este país. Nada de esto es casual o producto de la mediocridad, la inoperancia o el abandono del militarismo reinante. Es el resultado de un régimen cuya ideología se basa en la desarticulació n de todos los valores, la aniquilación de todas las normas, la imposición de la cruda brutalidad del más fuerte. Fascismo puro. Terrorismo de Estado. Este aparato de justicia no puede ser reformado. Deberá ser erradicado, extirpado y saneado quirúrgicamente. Para construir en su lugar otra justicia, radicalmente distinta. Justa, así suene absurdo. Para todos, sin exclusiones ni banderías. Pero ello no es posible bajo el mandato del actual presidente de la república.

Apartarlo del Poder es el requisito 'sine qua non' de una limpieza del espíritu nacional. Manos a la obra. Impresionan los paralelismos, cada día que pasa Chávez se asemeja más y más al Pérez próximo a su defenestramiento. Si bien las comparaciones son odiosas, de estas sale muy mal parado el teniente coronel, verdadero general en jefe del Apocalipsis a que nos enfrentamos. Comparar los miles y miles de millones de dólares malversados, dilapidados, regalados y extraviados en los laberintos de la corruptela gubernamental de esta 'Quinta República', con los exangües y escuálidos 17 millones de dólares que a Pérez le costaran la presidencia de la república, el enjuiciamiento y la cárcel es un verdadero despropósito. Si Pérez terminó en Los Teques cocinándose sus arepitas en un hornillo compartido con el policía Izaguirre, ¿dónde habrían de terminar Hugo Chávez y Diosdado Cabello que no se asemeje a la cárcel de Milosevic o Saddam Hussein? Tampoco pueden compararse los pobres ingresos de que disfrutó el gobierno de CAP II con los más de novecientos mil millones de dólares de que ha disfrutado el teniente coronel en estos once años. Corresponden a la inaudita cifra de setenta veces la cantidad acordada por los Estados Unidos para la reconstrucció n de la arrasada Europa post hitleriana al término de la segunda guerra mundial.

Con sólo una parte de esos 13 mil millones de dólares, la Alemania liberada pudo alzar el vuelo hasta convertirse en la potencia industrial y financiera que es hoy, a la cabeza del tercer emporio económico mundial, tras USA y China. Con esa cantidad --¡setenta planes Marshall!-- cualquier gobierno medianamente sensato hubiera podido resolver en estos largos once años los graves problemas estructurales que nos aquejan: montar un importante fondo de reservas como para enfrentar los años de vacas flacas, potenciar el desarrollo industrial del país, dotándolo de un red de infraestructuras para situarlo al nivel de las potencias regionales como Chile, Brasil o México y resolver los cinco grandes males de nuestra vida como Nación: salud, educación, vivienda, seguridad y empleo.

Si el Perú, que no dispone de petróleo ni ingresos exorbitantes, ha dado un salto cualitativo de la mano de su presidente hasta avanzar a los primeros lugares del desarrollo en América Latina, ¿por qué no ha podido un país que por poco se ahoga en su riqueza petrolera? Y por eso y muchísimo más --presos políticos, prepotencia, corrupción y sordera-- Hugo Chávez comienza a asomarse al mismo abismo en el que cayera su odiado antagonista. Hoy, como entonces, un escándalo tapa otro escándalo. El estudiantado se alza contra los abusos del régimen. El pueblo le vuelve la espalda. Los medios lo aborrecen. Y las encuestas comienzan a mostrar la cruda verdad de los hechos: de cada tres venezolanos, dos quisieran librarse de él cuanto antes. ¿Cómo y cuándo? He allí el problema. Unos exigen que sea por la vía electoral. Otros, mediante una gigantesca movilización popular. Ni unos ni otros quieren caer en cuenta que del cómo y del cuándo se ocupa la sabiduría de Dios, que es la sabiduría de la historia.

Por ello, a enfrentar las elecciones con un ojo en las urnas y el otro en las calles. Votar y movilizar, ganar la asamblea, gobernaciones y alcaldías y apoderarse de las calles. ¿Quién dijo que las elecciones y la rebeldía son caminos excluyentes? Comprender el próximo proceso electoral en el marco de la grave crisis que vivimos y prepararse para cualquier contingencia: ¡he allí lo que recomienda la sabiduría política.! ... ¡Honrémosla.!

Autor: A S G